Lecciones de Pruitt Igoe

Por Jesús Méndez

Ésta es la verdadera naturaleza del hogar; es el lugar de la paz: el refugio, no solo de todas las heridas, sino de todo terror, duda y división…

-John Ruskin

 

© Bettman/Corbis

St. Louis Missouri, EUA. 1954.

Para muchos, parecía un gran experimento social. Pruitt Igoe, un nuevo desarrollo de vivienda ubicado en St. Louis Missouri, suponía una nueva propuesta de vivienda acorde a los principios mesiánicos de los maestros de la arquitectura moderna. Treinta y tres edificios idénticos de once niveles cada uno, perfectamente distribuidos dentro de un plan maestro de 57 hectáreas, planteaban un futuro prometedor y esperanzador para sus habitantes, quienes provenientes principalmente de barrios en decadencia, mantenían recuerdos no muy gratos de sus viviendas anteriores.

La publicidad televisiva del nuevo desarrollo, creado y financiado por el gobierno de Estados Unidos, era sumamente atractiva: un espacio vivo y seguro, donde los niños jugaban en espaciosas áreas verdes mientras los adultos convivían y formaban parte de una dinámica activa. Aunque los espacios interiores del complejo no se mostraban, la voz en off del locutor aseguraba áreas espaciosas, iluminadas, con instalaciones y acabados acorde a todas las comodidades a esperarse en el siglo XX.

©The Pruitt Igoe Myth

El sueño se vino abajo. Lo que inició como un sitio que prometía calidad de vida para sus habitantes, terminó por convertirse en una zona que rápidamente detonó un proceso de declive y degradación: el espacio se volvió una tierra de nadie, donde las drogas, el crimen y la violencia se volvieron parte del día a día de la gente que allí habitaba; un intento fallido de regeneración urbana que se transformó en un foco infeccioso para el tejido de la ciudad.

Dos décadas más tarde y en la desesperación de no encontrar soluciones para la mejora del sitio, se procedió a demoler cada uno de los edificios del complejo, hasta su completa desaparición en 1976. El historiador Charles Jencks marca la demolición de Pruitt Igoe como “el evento que marca el fin de la Arquitectura Moderna”.

©The Pruitt Igoe Myth

Pero, ¿qué fue lo que falló en Pruitt Igoe?

El documental titulado “The Pruitt Igoe Myth” dirigido por Chad Freidrichs, explora a través del estudio de la situación del país durante los años 50 y las experiencias de los propios habitantes del desarrollo, algunas de las causas que desencadenaron el desastroso desenlace del proyecto. Entre las más representativas se encuentran las siguientes:

Monotonía en el diseño

Minoru Yamasaki, arquitecto del proyecto, contempló en sus inicios un complejo de edificios distintos de alturas variables. La autoridad de vivienda de St. Louis rechazó esta propuesta y decidió, por cuestiones de optimización de recursos, limitar el diseño a una torre tipo de 11 niveles. Los edificios, que desentonaban fuertemente con su contexto, se sentaron como monolitos agrupados dentro de un área extensa repartida entre espacios verdes (entiéndase solamente por pasto y un par de árboles que no cumplían función relevante alguna) y divisiones claras entre áreas peatonales y vehiculares.

Era claro que los entornos de origen de los habitantes distaban diferencialmente de los nuevos ofrecidos. Los edificios ofrecían espacios que, aunque en un principio impecables y prístinos, también eran repetitivos.

El diseño del conjunto no fue lo suficientemente inteligente para lograr cohesión entre sus habitantes. La planta tipo de los edificios se componía de una serie de viviendas conectadas por un largo pasillo en donde la interacción entre los inquilinos se volvía prácticamente inexistente.

La escala del conjunto era monstruosa. Entre edificios los espacios eran áridos y planos.

La falta de espacios de transición entre lo público y lo privado anuló por completo la interacción entre los inquilinos, y por ende, la formación de vínculos sociales.

Reflexionemos sobre el lugar en donde vivimos.

¿Qué tanta relación tenemos con nuestros vecinos? ¿Sabemos cómo se llaman? ¿A qué se dedican?

¿Cuántos de nosotros llegamos a nuestras casas sin mirar a nadie, buscando simplemente ese lugar para “aislarnos” de los demás?

¿El lugar donde vivimos propicia el encuentro o lo niega?

 

Medidas restrictivas para los habitantes

Según habitantes de Pruitt Igoe, existía una serie de restricciones para los habitantes del conjunto. Entre ellas se prohibía el uso de teléfonos, televisores, y dentro de las viviendas se estipuló que no podían vivir hombres. Las paredes no podían pintarse de otros colores y mucho menos se podían hacer modificaciones a los espacios construidos.

Este conjunto de postulados sobre cómo usar el espacio fueron condicionando la forma en la que la gente vivía. El estado, en su visión paternalista y controladora, ofreció un lugar en donde aparentemente la condiciones de vida mejorarían para la gente, pero a costos muy altos que al final terminaron por pasar factura.

¿Cómo podemos hacer nuestro un lugar si no tenemos la oportunidad de personalizarlo?

El entorno construido no puede ser limitativo. Cobra vida y sentido cuando permite la apropiación y el desarrollo de dinámicas que puedan o no estar pensadas desde su concepción inicial.

Nos dimos cuenta que el crear espacios estrictamente controlados lo único que generamos es enajenación y cierta repulsión hacia los mismos.

 

Falta de identidad y sentido de control

Charles Montgomery en su libro Happy Cities cita la investigación sobre Pruitt Igoe realizada por Oscar Newman, en donde se encontró que entre más personas estaban a cargo de ciertas áreas comunes, mayor era el descuido encontrado. Áreas compartidas entre 2 familias se encontraban en mejor estado que los sitios como pasillos y elevadores, que estaban bajo control de hasta 150 familias. Newman afirma que no existían relaciones fuertes de apropiación y sentido de identidad en el espacio.

El proyecto se les fue de las manos porque estaba sobre escalado. Un complejo genérico que no era compatible con las personas que lo habitaban.

En un espacio en donde vive tal cantidad de personas, es difícil sentirse responsable y compartir tareas. Es más fácil desentenderse y esperar que otros hagan lo que uno deja de hacer.

Cuando los lugares no nos llaman para apropiarnos de ellos, los dejamos ir. Deben de dejar que podamos hacerlos nuestros, para sentirlos nuestros y responder por ellos.

 

Renta y mantenimiento costosos por edificios mal construidos

Aunque al inicio el complejo recibió el mantenimiento requerido, al paso del tiempo se fue descuidando, pues los gastos para mantenerlos en buenas condiciones sobrepasaban las posibilidades económicas de los vecinos. El gobierno construyó y entregó una obra sin siquiera estar consciente en el cómo y con qué se mantendría en pie.

Iniciaron las protestas por parte de los vecinos del lugar, reclamando que hasta tres cuartas partes de sus ingresos se destinaban a las rentas por los inmuebles. Aunque con el tiempo se logró regular en torno a los costes por arrendamiento, después se fueron suscitando más problemas derivados de la calidad en la construcción de los inmuebles.

Las rentas en Pruitt Igoe fueron subiendo, y con ello la falta de cuidado en las instalaciones y la desocupación paulatina de sus habitantes.

Los materiales y procesos constructivos del complejo dieron señales al tiempo de su deficiencia y baja calidad. Instalaciones dañadas, desagües rotos, fugas, y demás desperfectos iban carcomiendo poco a poco los edificios.

 

©The Pruitt Igoe Myth

El entorno físico, así como las relaciones sociales en él, se iban degradando día con día.

Los habitantes de Pruitt Igoe fueron desocupando sus insostenibles viviendas. La desocupación dio pie a la instauración de nuevos usos en el espacio construido: drogadicción, vandalismo, prostitución y crimen. La tensión e inseguridad del lugar fue tan grande que incluso la policía pensaba dos veces antes de ingresar a la zona.

Pruitt Igoe era ahora tierra de nadie.

Como lo dice la teoría de los cristales rotos, desarrollada por Philip Zimbardo, los indicios de descuido en el lugar, que al principio debieron ser mínimos, fueron creciendo ante el desinterés de unos y la imposibilidad de otros, desencadenando la decadencia y deterioro de los edificios de Pruitt Igoe, hasta convertirlos en sitios de conflicto.

 


 

Si el proyecto no funciona, siempre habrá la posibilidad de derrumbarlo y construir algo nuevo.

Pero, más allá de eso, ¿Qué pasa con la gente que vive esos espacios y, por ende, experimenta su fracaso?

Somos responsables de construir espacios que generen experiencias buenas y ambientes de bienestar para sus usuarios.

¿Nos damos cuenta del impacto de nuestras decisiones sobre lo que proyectamos y del impacto que éstas tendrán sobre la manera en que la gente vive los espacios?

Una persona puede quedar estigmatizada ante los demás por el entorno del que proviene. ¿En qué medida somos los causantes de ello?

Sería importante reflexionar sobre el cómo la manera en la que diseñamos afecta no sólo la manera en la que la gente habita y vive los espacios, sino del cómo la experiencias vividas en ellos transgrede e influencia la manera en la que conviven y se relacionan con otras personas, en otros lugares y bajo otras circunstancias.

 

©The Pruitt Igoe Myth

Referencias:

-The Pruitt Igoe Myth- Documentary.

-Montgomery, Charles. Happy City: Transforming Our Lifes Through Urban Design.

-The Guardian. Pruitt-Igoe: the troubled high-rise that came to define urban America- a history of cities in 50 buildings. https://www.theguardian.com/cities/2015/apr/22/pruitt-igoe-high-rise-urban-america-history-cities


En esta liga podrás ver completo el documental “The Pruitt Igoe Myth”:

 

 


Jesús es Arquitecto egresado con honores del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey Campus Querétaro. Realizó estudios en Santiago de Chile, San Diego y Suiza, donde se involucró en proyectos a diferentes escalas que abordaban, primordialmente, problemáticas urbanas y sociales.

Ha colaborado con distintas oficinas de Arquitectura en la ciudad de Querétaro, tanto en el sector público como privado.

Actualmente trabaja en el área de diseño arquitectónico de dérive LAB.