Por una Mejor Ciudad

#CalleEjemplar, Cuautlancingo, Mejor Ciudad, Puebla, Urbanismo táctico

Hace unas cuantas semanas tuvimos (por fin) la oportunidad de conocer a los integrantes de Mejor Ciudad: Oscar, arquitecto y Marimar, estudiante de comunicación, quienes además de ser socios de este interesante proyecto, son pareja 😉

Mejor Ciudad comenzó trabajando en la ciudad de Cuautlancingo, Puebla. No por una necesidad puntual o interés específico en ella, sino porque sencillamente, fue allí donde se les abrieron las puertas para comenzar a proponer y soñar una mejor ciudad. Marimar y Oscar tenían la espinita de hacerlo, pero no tenían dónde. Cuautlancingo les dio la primera oportunidad.

Pero, antes de hablar sobre Cuautlancingo, hablemos sobre por qué les interesa la ciudad. Cuenta Marimar que a ella le llamó mucho la atención que para el 2025, el 75% de la gente vivirá en ciudades, entonces, si vamos a llegar a ese punto, necesitamos espacios mejor pensados para todos (y no espacios que son como son porque así tienen que ser o porque así se le ocurrió a alguien). Por su parte, Oscar habla sobre equidad; menciona que los problemas sociales se reflejan directamente en el espacio público y que se ven en todas las ciudades, todos los días: fraccionamientos totalmente cerrados, gente viajando en carro, completamente aislada, yendo de un punto A a un punto B, y en medio, un caos, zonas horribles. “Como ellos son los que toman las decisiones, no les interesa nada más aparte de que su punto A y B estén bien. Todo lo demás está destruido.” Lo anterior se refleja en las problemáticas sociales. Mejor Ciudad busca cambiar eso, desde la arquitectura y la comunicación.

Esta organización cuenta ya con varios proyectos de tipo urbanismo táctico. Cuando Cuautlancingo los recibió, empezaron haciendo un diagnóstico de la ciudad, pero no un diagnóstico urbano tradicional, sino uno a partir de sus habitantes: una mesa compartida, papas, galletas y juegos para los niños, de tal manera que la gente, al salir de misa, se sentara a platicarles sobre las características y problemáticas de su ciudad. Al final, dice Oscar, ellos fueron y seguirán siendo los expertos.

A partir de este diagnóstico, se dieron cuenta que hacían falta espacios de juego y que la gran mayoría de las personas se quejaban de la velocidad y la imprudencia de los automovilistas; además de la falta de participación entre vecinos. Fue muy común escuchar que la culpa de todo era del gobierno, sin darse cuenta que ellos mismos podían comenzar a transformar todas estas situaciones.

Así, su segunda actividad fue un Parque Ambulante, hecho con muebles de materiales reciclados, pintura e imaginación. Para esta actividad, el parque no era el fin, pues éste duró pocos días, sino transmitirle a la gente la idea de que a falta de canchas, siempre se podrán utilizar las calles y recuperar esos espacios de convivencia que les hacen falta. Al haber niños jugando, los carros moderan la velocidad; “si por un coche que pasa rápido, dejemos de salir, se pierde el valor de la calle como escenario posible para un sinfín de actividades”.

Su más reciente intervención fue la #CalleEjemplar, que se realizó por etapas en dos calles del centro de la ciudad. Se escogió así, pues es un lugar muy visible, por donde pasa la mayor cantidad de gente; Oscar y Marimar querían que la gente se diera cuenta y los identificara, para obtener confianza, más apertura y participación.

Transformar una calle (como espacio cotidiano) tiene más impacto, pues todos los días se sufre por falta de banquetas, o por carros mal estacionados. Al igual que en casos anteriores, lo primero que se hizo en la implementación de la #CalleEjemplar fue hablar con los vecinos sobre el concepto, de tal forma que ellos mismos entendieran por qué éste era importante. Al principio nadie se imaginaba cómo iba a ser y aunque muchos no ayudaron, la gran mayoría de ellos se interesó.

Para nosotros lo más difícil fue saber cuánto tiempo nos íbamos a tardar interviniendo la calle; en total fueron 8 horas pintando, limpiando y acomodando todo. En la primera parte de la intervención, los vecinos no estuvieron tan agusto porque había varios puestos sobre la banqueta, entonces pensaban que se les iba a quitar su espacio, que estábamos diseñando algo en lo que no los estábamos incluyendo. En la segunda intervención, los vecinos estuvieron muy emocionados porque habían visto lo que había pasado en la calle anterior. Les sugerimos la actividad de llevar macetas y ponerlas para separar el espacio, ofreciéndoles que cada quien adoptara una planta, regándola todos los días. Gracias a ese acto, hubo mucho compromiso.

La intervención permaneció. Obviamente no eran los materiales más adecuados para un cambio duradero, pero el compromiso de la gente involucrada, garantizo dicha permanencia.

Ante este experimento, ahora es más fácil pedir un proyecto con materiales más resistentes, duraderos; pues a base de prueba y error, los vecinos vieron físicamente cómo puede transformarse su calle, y el gobierno, se dio cuenta de que el cambio es totalmente positivo.

“Hay que lanzarse a hacer las cosas, hay muchas ya probadas, guías de referencia… No vamos a inventar el hilo negro, sino a buscar buenas prácticas y proponer sobre ellas.”

Marimar define su proyecto como una iniciativa social que busca mejorar la calidad de vida de las personas a través de sus propias necesidades; Oscar por su parte la describe como una organización que busca que se revalore el espacio público de las ciudades.

Más que acaparar reflectores, ellos quieren ver cambios reales; “nos gustaría empoderar y concientizar a la gente, apoyar a la sociedad, sin obligarlos al cambio, sino ayudándolos a encontrarlo”. Las ciudades siempre pueden ser mejores, pero mejorarlas depende de qué tanto nos involucremos como sociedad. Queremos ciudades felices para todos, menciona Marimar, y queremos lograrlo a través de los deseos y sueños de la gente; nosotros seremos solo el canal mediante el cual se lleven estos deseos y sueños a las autoridades.