Unisonancia del espacio, una aproximación

calle, Ciudad, Ciudad de México, Paisaje sonoro, Sonido

Por David Sánchez

“Ya no se camina entre las innumerables voces de los diferentes oficios que ocupaban el espacio sonoro de la ciudad, dependiendo de las horas del día, tal como lo describe Proust en La Priosionera o Jules Romains en Los hombres de Buena Voluntad. Esas voces se han perdido, remplazadas por el bullicio de los autos o de los altavoces más potentes, de los comercios.”

— David Le Breton

La configuración del espacio, y en especial la dimensión pública de éste, cambia de forma sinérgica con nuestro comportamiento. Es usual definir y estudiar sus características a través de la retina, pero si abrimos el espectro sensorial, nuestra percepción del espacio puede convertirse en la intersección de diferentes estímulos, que a través del reconocimiento de patrones, puede mejorar nuestro entendimiento del mismo. El resultado puede ser de gran beneficio, ya que el uso de las múltiples informaciones que el hombre percibe del medio en el que está inmerso está ligado a su evolución y supervivencia.

La percepción sonora es el resultado de los procesos psicológicos que tienen lugar en el sistema auditivo central y permiten interpretar los sonidos recibidos. Los sonidos pueden funcionar como medio de información y comunicación, ya que se presentan a nuestros oídos de múltiples formas: con significados y mensajes diversos que producen reacciones y sentimientos, aportando una calidad especial al tiempo y al espacio. La experiencia acústica del espacio se entiende también de forma inconsciente, crea la sensación de omnidireccionalidad e interioridad.

El campo sonoro es el valor que adquiere la presión sonora en cada punto del espacio. La ciudad comprende múltiples campos sonoros que se sobreponen y articulan entre sí. Estos campos sonoros poseen un agente emisor, humano o material que, a medida que el sonido que produce se propaga y mezcla con otros.

Los paisajes sonoros en las urbes son producciones sociales; los sonidos de una ciudad están ligados a su urbanismo, su arquitectura, su política, su economía, su tecnología, la densidad de población.

Los campos sonoros hacen destacar la acción de producción/emisión de sonoridades, mientras que los paisajes sonoros se refieren al acto de su apropiación/recepción.

Estos fenómenos en la ciudad, evocados a través de otras dinámicas analógicas y metafóricas, construyen consideraciones sobre el valor heurístico de las sonoridades y de su relación con los comportamientos y los ambientes sociales urbanos.

Conceder una mayor atención a los campos y paisajes sonoros del espacio público, puede ser de utilidad para detectar sus trayectorias y configuraciones sociales. Por lo tanto, se reconoce que las relaciones sociales y los diferentes modos de percibir la ciudad, pueden surgir a partir del significado abstracto de éstas características sonoras. Percibirlas puede activar memorias socio-biográficas, o generar situaciones específicas de apropiación o desconfort.

Los paisajes sonoros en las grandes ciudades sugieren un estado mental condicionado de forma permanente por ambientes socialmente vividos. En situaciones particulares, el paisaje también puede ser uni-sonoro y, en oposición a la cacofonía, sugerir un sentido de sinfonía, con una sonoridad singular, eventualmente armónica.

Actualmente, es difícil encontrar el equilibrio sonoro que en tiempos anteriores a la Revolución Industrial caracterizaron a la mayor parte de los contextos en los que se desarrolló la vida del hombre. El ciudadano se debe convertir en un protagonista consciente del ambiente sonoro en el cual vive, ser capaz de rechazar los sonidos que le alienan, diseñar paulatinamente un ambiente sonoro que sea digno de él y de su naturaleza.

El desarrollo de esta ecología acústica contribuye a mejorar nuestra experiencia en la ciudad; explorar e integrar estas experiencias conscientes cotidianas también invitan a reflexionar e intentar recuperar la percepción de nuestro entorno y medio ambiente sonoro, a través de la concientización y el cuestionamiento, habilitamos nuevos lugares de encuentro, de convivencia, de reflexión, de intercambio de ideas y opiniones.


Motivado por la curiosidad, la expresión humana y la estimulación de los sentidos, David Sánchez ha mantenido captivo su interés por la creación de experiencias compartidas. Inclinándose al desarrollo transdisciplinario desde la arquitectura y el sonido, se incorpora en la búsqueda por articular el acceso al arte y su capacidad para transformar las sociedades. David actualmente colabora con dérive LAB, realizando investigaciones sobre la relación entre el sonido y la ciudad.